Alcohol

El coche es ahora medio metro más corto y la fuga de aceite es visible desde lo alto de la cuesta. Pongo cara de sorpresa y disimulo bajo la manga la palanca que he utilizado para abrir la puerta. El dueño, alertado por los amigos, sale corriendo del bar todavía con el pacharán en la mano. Cuando media hora mas tarde aparece la grúa aún sigue lamentándose por haberse olvidado del freno de mano y no llega a sospechar siquiera que, ahíta de los pobres resultados, la Dirección General de Tráfico haya endurecido sensiblemente su campaña.

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