La elección

La princesa busca marido y la fila de pretendientes es kilométrica. Sin embargo, avanza muy rápido. Displicente, manda ahorcar a algunos, azotar a otros  y rechaza fríamente al resto. A pesar de ello, ninguno abandona, tal es la belleza de la muchacha. Finalmente, le llega el turno a la rana y un simple vistazo basta para que ella sonría complacida. A la mañana siguiente, en clase de ciencias, la princesa inclinada sobre su pupitre, observa furtivamente al profesor y suspira mientras se enjuaga con el delantal las molestas gotas azules que de a poco salpican su rostro.

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