La Diosa

Sus labios perfilados se contraen para dejar escapar un silbido corto y entra en el bar un hermoso unicornio que se abre paso hasta nosotros con su cuerno espiral. La chica se sacude los zapatos y monta de un salto. Dos silbidos y el  animal da media vuelta, levanta su cola de fuego y suelta una enorme boñiga; tres y pega una coz que me alcanza en el bajo vientre y me hace caer de bruces; cuatro y desaparece al trote sorteando borrachos y curiosos. Entonces, mi amigo Richard me ayuda a levantarme y, pellizcándose la nariz, me susurra al oído:

-Ya te he dicho que no estaba a tu alcance.

 

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