Amarillo

Al diablo azul acuden habitualmente actores, cantantes, modelos y futbolistas. Cuando esto sucede, su dueño, un mafioso de poca monta, charlatán y mitómano, invita al grupo a unas copas, se saca una foto con el famoso, la enmarca y la cuelga en la pared de su despacho junto a las demás. Ocasionalmente, les pega un vistazo y manda que les quiten el polvo. Eso es todo, hasta ahí llega su mitomanía, se conforma con fotos y autógrafos, nada de gritos ni de perder la cabeza. Esto cambia radicalmente el día que entra en el local Uma Thurman con un chándal amarillo.

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